cotidiano..........(vuelto a publicar debido a peticion)

le gustaba oler las flores, disfrutar la falta de tiempo de sus eternas fragancias, llenas de todo, llenas de nada....
El parquecito siempre estuvo lejos de su casa, eso nunca importo, estaba presente en sus bancas con un pretexto diferente cada vez. Tampoco era cuestion de que la gente lo mire con rechazo o extrañeza.
Su preferido era la lectura, llevaba un libro bien elegido, de esos que te sacan sonrisas cuando te pierdes o te borran la bulla y la muchedumbre del pensamiento.
Una vez bien ubicado y con la debida instalacion de su artificio de despistaje( su libro) empezaba su faena perfecta. Miraba todo, las personas pasar, imaginando que tendran en el corazon debajo de toda esa ropa, traspasando el bigote, el abrigo, los aretes y sobretodo la camisa y la corbata. Despues de un tiempo se volvio un experto en la deduccion de personalidad por el fisico, algunos dirian que solo se convirtio en un loco y en un paranoico, pero lo mas probable es que haya absorbido un poco de todo. Entendio que el perfume es simbolo unico de la vanidad, de unas gotas de inseguridad y de presencia. Un abrigo quizas signifique frio pero es bastante probable que tambien indique verguenza o problemas y un sombrero es la melancolia hecha soledad. A la larga, esa rara e idiota habilidad le serviria de mucho para ovidarla, a la chica del faro, porque solo entendiendo al amor y a su personificacion podria alguien empezar a olvidar.
Pero, indudablemente, lo que siempre lo enamoro fueron las margaritas, el viento sobre ellas, su libertad de ser pero su atadura al suelo, su belleza sin consideracion de nadie mas que de el.
Una vez cansado, regresaba a su vida cotidiana, curtidor de profesion, convertia sus ojos con los mismos ojos grises de los demas. Para la noche ya era como todos y todos sin nadie....buenas noches señora ¿en que puedo servirle?
Para Navita...

Busco, desesperadamente, el primer lugar solitario que encuentre. Una veredita, un pedazo de jardín, todo aquello que grite fuertemente “no hay personas aquí”.
Suelo no darle importancia a estos momentos, pues, al fin y al cabo, los disfruto de una manera religiosa. Pero siempre me queda la misma duda, esa que equivale a la astilla que se queda incrustada en el dedo. Sigues haciendo tus actividades cotidianas pero siempre tienes presente a la astilla, a la molestosa astilla. Pasas el día rascándote el dedo, inconscientemente, pero solo consigues herirte más. Al final, y con un aire de frustración, desistes y decides dejarla ahí, en tu dedo, creyendo que si no la miras ya no sentirás dolor....
Es curioso...pero acabo de darme cuenta que con el testimonio anterior solo he logrado conseguir un testimonio más que prueba la maldita ironía de la vida.
Pero es esa pequeña, mediana o grande duda (aún no podría especificar su verdadera magnitud) de la cual quisiera hablar por primera vez.
Me acurruco en este rincón de soledad y pienso en ti. Te sueño, te siento, me río solo, recuerdo la vez que me dejaste sin palabras (súper-mega insólito en mi) y aquella otra donde te vi en la playa mirando el mar y se me ocurrió, por única vez en mi vida, que si el objetivo del ser humano es alcanzar la felicidad, pues entonces, yo ya lo estaba empezando a conseguir.
Entonces algo me interrumpe, un fuerte ruido, una carcajada lejana, una mariposita linda o un estornudo provocado por la polución (este achís! me persigue desde la niñez), pero soy fuerte (o débil) en mi pensamiento sobre ti y vuelvo a engancharme en mi cielo estrellado llamado Daniela.
Prosigo. Sigo perdido con mi cara de sonso en el sueño, en la risa y en el recuerdo. Y otra vez, algo me interrumpe. La diferencia, en esta oportunidad, es que ese algo es más bien un alguien. Un alguien que en realidad son algunos. Distintas personas, que sin saberlo, siempre terminan preguntándome algo e insertándome, otra vez, en la rapidez de este mundo social, mejor llamado: “no te detengas a pensar, solo intenta avanzar”.

He llegado a la conclusión que esas interrupciones, no son más que una función más de la normalidad de la vida. Es decir no existe un lugar donde puedes estar, eternamente, sólo sin ser molestado o interrumpido, a no ser que nos estemos refiriendo al típico volumen del ataúd (y en mi caso, ni siquiera ahí, porque prefiero, orgullosamente, una cremación y unas cenizas al viento).
Además debo admitir que la conocida y estúpida frase “todo pasa con el tiempo” no es tan estúpida como creía, sino que más bien, encuentra una tremenda veracidad en la simplicidad de su existencia.
Entonces y después de tanto tiempo, he comprendido que la superación no es una virtud sino un artificio de sobre vivencia. Mis dolores físicos, mis llantos y mis trágicos episodios de depresión deben haber tenido un equivalente en tu vida, deben hacer sido muy diferentes pero mas o menos de la misma intensidad, con el mismo sabor a mierda. Quiero que sepas que respeto tu camino, tu gran valentía proveniente de tu pizca (ni tan pizca) de maldad y tu forma arrebatada de hacerte hacia los problemas.

Pero es ahí, donde empieza mi duda – astilla de mis pensamientos – dedos. Si bien es lindo recordarte (aunque también doloroso), entonces ¿porque la vida no lo admite como un acto cotidiana y termina, siempre, por interrumpir esos momentos?
Es posible que nunca obtenga una verdadera respuesta satisfactoria, pero si algunos indicios de luz en los ojos, de verdad en mi realidad.
Y uno de esos indicios tiene que ver con la vida de la vida. Es ésta, la que termina siendo como un padre en lejanía para todos nosotros. Nunca nos ve, pero nos envía ciertos mensajes místicos (yo sé que disfrutas de esta palabra) para no rendirnos de rodillas, llenos de sangre, ante las adversidades.
Y no lo hace porque nos tenga aprecio o cariño, sino porque, ella misma, termina por aceptar que esa es su responsabilidad.
Pues, dentro de los mensajes que me dio a mi, uno habla sobre el olvido y sobre como ya ninguna de nuestras vidas tiene que ver con la del otro. Tiene razón.
Yo no creo en el olvido, ni en las falsas promesas de este. En todo caso, el verdadero olvido vendría sin avisarlo ni decirlo. Eso es parte su función lógica.
Mi amor: (si te molesta ese sustantivo , entonces me referiré a ti como mi ex – amor)
No puedo prometer olvidarte o no hacerlo, no puedo prometer quererte por siempre o no hacerlo. En conclusión, no puedo prometerte nada. Bueno, en realidad si hay algo que puedo prometerte fidedignamente: el hecho que no me importe cumplir (o no hacerlo) alguna de esas supuestas promesas...
Bienvenidos a Cadena de llegada...
pues creo que a nadie le hace daño un poco de nada...

