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el silencio no sabe callar...

Posted by yepe on 04 Junio, 2007 20:59

....¡Si el silencio fuera blanco!, habria gritado Nicolás en la madrugada de esa primera vez que en casa pernoctó Farax. Si el silencio no estuviera putamente sucio y contaminado, suspiró irrumpiendo en el dormitorio de su esposa Blanca y despertándola.¿Qué dices?, preguntó ella incorporándose en la cama y tratando de adivinar a donde los llevaría un tema tan espinoso a estas altas horas de la noche. Te estoy diciendo, Blanca, que ojala el silencio no estuviera corrompido,¿Corrompido por qué?, preguntó ella sólo por ganar tiempo, al menos para ponerse la bata de levantarse. De ruido, de ruido, ¿de que va a ser?, ¿es que acaso no oyes?, el silencio está plagado de ruidos que se esconden en el, como el gorgojo en la viga, y lo van carcomiendo por dentro, basta con no ser sordo para percatarse de los runrunes y los zumbidos, ¿o acaso estás dormida, que no me entiendes?, la zarandeó Nicolás, agarrándola por las arandelas de la camisola, mientras ella le suplicaba que bajara la voz para no sobresaltar a las niñas y al visitante, y de paso, sin que él se diera cuenta, trataba de encontrar las gotas para el tinitus, o silbo crónico, que según los medicos padecía su marido en ambos oídos. Para componer necesito un silencio vacío, Blanca, como necesita el poeta la pagina en blanco, o es que acaso crees que Lord Byron hubiera podido escribir algo que valiera la pena sobre una hoja que de antemano estuviera llena de palabras, y al ver a su mujer lívida por el zarandeo, la soltó y le compuso la camisola estrujada y el pelo revuelto. Está bien blanquita mía, está bien, se sentó al lado suyo. Está bien, no pasa nada, no pongas esa cara de espanto, sólo quiero que comprendas que a diferencia de lo que se cree, el silencio ni es bienhechor ni da reposo. Ya no energúmeno sino melancólico le explicó que eran básicamente doslos ruidos que lo acosaban enervámdolo hasta el agotamiento o que en realidad eran muchos pero que los peores y mas persistentes eran dos, uno sibilino y taimado, como el que haria con la boca una vieja desdentada que le susurrara un interminable secreto al oído, y el otro ronco, a veces ronroneante como un gato y a veces mecánico, como el traqueteo de una noria o una rueda de molino. Cuando el susurrante se apodera de mis oídos puedo componer pero no pensar y con el otro me sucede lo contrario...


Fragmento del libro "Delirio" - Laura Restrepo

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